Sophia conoce Venezuela

Bienvenidos a Venezuela
En este momento estoy escribiendo desde la casa de mi abuela en Valencia, con mi iPod, mientras veo un juego de fútbol virtual, es decir, un vídeo juego.

Es nuestro 5to día en Venezuela y no hemos tenido un minuto sin que alguien haya venido a ver a Sophia.

No solo Sophia ha tenido la oportunidad de conocer a su abuela, tíos, tías y primos, sino también la oportunidad de conocer a su bisabuela, la mujer que ayudó a mi mamá a criarnos a mi y a mis hermanos.

Este viaje ha sido una maravilla y todaviacquedan dos semanas, ¡vamos a ver qué nos espera!

Intentaré seguir escribiendo a medida que pasan los días.

¿Nostálgico yo? Bueno, quizá un poquito…

Cuando le mostré a TJ el título de éste artículo, su respuesta fue “¿un poquito?”…

Bueno, si han leído el artículo anterior se habrán dado cuenta de que últimamente he estado pensando bastante en mi propia vida, en mi infancia, mis adolescencia y mi poca adultez.

La perspectiva de ayudar a formar una nueva vida desde el principio es suficiente para poner a reflexionar a cualquiera, pero yo creo que en mi caso, el no tener a mi familia físicamente cerca crea aún más razones por las cuales pasar y repasar mi propia historia de manera que pueda pasar el testigo a Bebé y hacer que mi propia historia sea parte de la suya.

Por si esto fuera poco, un día después de haber publicado el artículo anterior, mi prima Marianela me envía fotos como esta

Para los distraídos que no se han dado cuenta, en esa foto, junto con mi papá Nicolás, mi mamá Dominga, mi prima Tibisay y las otras dos niñas que no puedo reconocer, estamos mis hermanos y yo quizá de los 10 años o algo así.

Por supuesto que yo no puedo volver el tiempo atrás y hacer que Bebé re-viva el tipo de infancia que yo viví, pero ciertamente quiero poder transmitir algo de lo bueno que yo he aprendido en estos años.

¿Cómo no ponerse nostálgico? ¿cómo no escuchar música que escuché mientras crecía? ¿cómo no extrañar Venezuela, su gente, su idiosincracia, su cultura, los amigos, la familia? Como dice Simón Díaz,

Si mi querencia es el monte,
y la flor de araguaney;
cómo no quieres que tenga,
cómo no quieres que tenga,
tantas ganas de volver.

Como con muchas otras cosas, el tiempo ayuda a acostumbrarse a las nuevas experiencias y lo que un día fue extraño se va convirtiendo poco a poco en cotidiano y así vamos asimilinando y nos vamos asimilando a los cambios que da la vida.

Recuerdo ahora cuando caminaba por las calles de Salamanca y no sabía si estaba más asombrado por los siglos de historia de sus calles y edificios o por que la gente caminaba como si nada, sin prestarles mayor importancia.

Hay muchas cosas que extraño de Venezuela y hay cosas que no, pero prefiero hablar de lo que extraño, al menos por ahora.

Una de las cosas que más extraño es el sentido de familia o, mejor, Familia, hermanos (y mi hermana, aunque ella ya no viva allá), primos, primo-hermanos, primos segundos, terceros… tíos, tías, sobrinos…. En otras palabras ese clan que, al final de cuentas y pase lo que pase, es tu Familia, es tu gente, es tu sangre. Ese es el concepto de Familia que quiero transmitir a Bebé.

Otra cosa son los panas, todos mis grandes amigos y amigas a quienes viva donde viva, vaya donde vaya y sin importar que tanto tiempo pase sin verlos los sigo queriendo como mis grandes amigos, como los herman@s que sí escogí 🙂 Esa es la clase amistad que quiero de Bebé aprenda.

Pues sí, estoy nostálgico, porque no solo soy venezolano, sino que Venezuela es parte de lo que soy, de mis experiencias, de mi forma de ser, de mi forma de pensar.

Sin detrimiento de mi país adoptivo y sin sentimientos nacionalistas trasnochados, te extraño Venezuela y te extraño porque cuando pienso en ti veo las caras de mi Familia, de mis amigos, mentores, guías, Venezolanos, Españoles, Italianos, Portugueses, etc. todos y cada uno parte de la Venezuela que quiero regalar a Bebé y hacer también su país, tanto como el mío.